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Jueves, 02 de junio de 2005

Cambio

Anuncio a los navegantes que se hayan perdido por este blog, que si desean leer algo más de lo que se me pasa por la cabeza, se dirigan a mi nueva dirección: zaldua.blogia.com

Por: Beñat Zaldua | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

Lunes, 09 de mayo de 2005

Perfil de Àngels Verdú

Acercándose a una cincuentena bien llevada, Àngels nos recibe con una sonrisa en su trabajo. Lleva un conjunto sencillo de color rosa, que mira ya hacia el buen tiempo; acompañando al conjunto rosa, llaman la atención los pendientes, el collar, la pulsera y la pintura de ojos, todos ellos del mismo color, un rosa apagado.
Àngels camina firme por sus oficinas en el Trade Center de Sant Cugat, aunque no ha sido éste, nos confiesa, siempre su lugar de trabajo. Licenciada en psicología por la Universitat Autónoma de Barcelona, después de conseguir el doctorado (aunque sin tesis, recalca), comenzó a trabajar en 1985 en Comercial Cafa, donde permaneció cinco años. Perteneciente a la generación que vivió con intensidad juvenil la transición, Verdú es un buen ejemplo de mujer emprendedora: en 1991 crea, en sociedad con otros compañeros, la consultoría de Recursos Humanos Verdú&Ledesma, donde puso su empeño hasta el año pasado. En enero de este mismo año se embarcó en otro proyecto para crear una nueva consultoría: AV Recusos Humans, con la cual se declara ilusionada.
Buena comunicadora, sabe hablar y explicar exactamente lo que quiere, aunque a veces apoya los codos en la mesa, quedando las manos a la altura de su boca e impidiendo observar la parte inferior de su cara. Pero habla con un tono agradable y cordial, segura de lo que dice. Tampoco titubea ante preguntas sobre política y señala a Maragall como el mejor líder posible en Catalunya. Admite que hay veces en las que el trabajo acumulado y la vida en familia le obligan a buscar espacios para desahogarse; los encuentra en el Tai-Chi durante la semana, en el esquí en invierno y en la profunda música brasileña siempre que puede.
Mujer moderna y de su tiempo, lleva la consultoría con buena mano y admite que tampoco le cuesta ponerse firme cuando es necesario. Entre otras cosas, se encarga de entrevistar a candidatos para puestos de trabajo. Reconoce que hay veces en las que es difícil mantenerse en la objetividad, sin embargo, es condición sine qua non en su trabajo, no pueden intervenir emociones ni sentimientos: “me gusta ayudar a la gente, pero este no es el lugar”.

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Lunes, 09 de mayo de 2005

Àngels Verdú, especialista en la selección de personal.

A todos los que han buscado trabajo alguna vez les ha temblado la voz ante su entrevistador, y es que no es fácil mostrar tus conocimientos y mostrarse uno mismo ante alguien a quien no conoces, pero de quien dependes para encontrar trabajo. Àngels Verdú, 49 años y casada, lleva 20 años trabajando en la selección de personal y sabe muy bien qué es una entrevista de trabajo. “Yo les digo que se tranquilicen, pero la verdad es que hay veces en las que se bloquean y no pueden seguir. Salimos a tomar un café y así consigo que se calmen”, nos dice Àngels. La encontramos por los pasillos del Trade Center de Sant Cugat y nos lleva a una pequeña sala de reuniones. Nos recibe con una larga sonrisa y un traje casi veraniego de color rosa, acompañado de anillos, pulseras, collar y color de ojos a juego.
Cuestionario en mano, comenzamos a interrogarle sobre el trabajo de entrevistador laboral. Habla firme, explica con las palabras justas lo que quiere y se la ve segura de lo que dice. “[el seleccionador] ha de ser una persona que sepa comunicar muy bien y que tenga una gran capacidad de análisis”. Como característica fundamental del entrevistador, destaca la de la objetividad. Buscando una fórmula mágica para poder aplicar a nuestros trabajos, le preguntamos como se consigue esa objetividad, pero no encuentra palabras para explicarla: “A veces la gente intenta tocarte la fibra; que lleva mucho tiempo sin trabajo, que en su casa no pueden comer… Pero tú ves que esta persona no vale para este trabajo y por muy mal que te sepa, le has de negar el trabajo”.
Al explicar la labor de su empresa, Àngels nos dice que es muy sencillo: “El empresario, que es quien contrata, marca el perfil del trabajador” y el seleccionador se encarga de evaluar a los candidatos para ver si son aptos o no. “Pero muchas veces, las empresas no saben lo que quieren; entonces adquiere importancia la figura del seleccionador”, que busca al que mejor se adapte al puesto de trabajo. Al hablar sobre el peso del currículum, Àngels nos dice que es importante, pero que no es lo único que cuenta; el currículum nos muestra los conocimeitnos del candidato, pero las actitudes y aptitudes tamién son muy importantes. “Las aptitudes nos muestran el ‘saber hacer’ de la persona y las actitudes se definen como el ‘querer hacer’ del candidato”. Son estas últimas, nos confiesa Verdú, las cualidades más difíciles de encontrar y evaluar. Además de estos puntos, existe la llamada información no verbal, que Angels clasifica como un “dato más”. Dependiendo del trabajo, “la vestimenta no puede ser cualquiera”, así como el respeto por las normas del lugar: “No puede ser que haya un cartel de prohibido fumar y la persona se ponga a fumar un cigarro”. El uso del móvil también es importante: “Si en una entrevista te suena el móvil y te pasas un rato hablando, eso influye negativamente”. Angels Verdú parece mujer de palabra, pues fue a ella a quien le sonó el móvil y lo dejó aburrirse, siguiendo con nuestra entrevista.
Cambiando de tema, preguntamos si se dan ciertas ventajas a mujeres, inmigrantes o discapacitados, pero Àngels nos insiste en que ellos no pueden hacer nada. “Si se dan facilidades, las da la empresa”. Nos dice que cuando se busca un puesto, ellos lo anuncian publicamente, incluyendo oficinas de discapacitados, colectivos de inmigrantes… “Nosotros, mientras la convocatoria sea abierta a todos, nos hemos de mostrar imparciales”. Sobre las entrevistas a discapacitados, destaca la diferencia entre los disminuidos físicos y los psíquicos. “Con una persona en silla de ruedas, la entrevista suele ser practicamente igual”. Sin embargo, cuando es un ciego el entrevistado, “nos solemos fijar mucho en la comunicación no verbal”. La habilidad manual también es importante “porque suelen trabajar de operadores”. “La actitud en este tipo de personas suele ser excelente, ya que el hecho de trabajar aumenta mucho su autoestima”.
El tema del género en el trabajo también era inevitable. Hay veces en las que la empresa pide a un hombre para el puesto que desea “y te sabe muy mal, pero debes descartar a las candidatas”. Sin embargo, “gracias a Dios, las empresas son cada vez más abiertas”. Junto con las mujeres y los inmigrantes, Àngels también nos habla de los mayores de 45 años como colectivo de dificil inserción. “Las empresas buscan a gente cada vez más joven y era dificil colocar a los mayores de 45”. Pero el Gobierno aprobó una ley según la cual, las empresas que contratasen a personas de colectivos de dificil inserción, gozarían de ventajas fiscales. “Eso ha facilitado mucho las cosas”. Pero también hay casos en los que se busca gente con mucha experiencia, “gente mayor que cumpla el papel de mentor”. Nos preguntamos si en estos casos no se está negando la necesaria posibilidad de aprendizaje, a lo que Verdú nos contesta que sí, que es triste, pero cierto. Para Àngels, si se necesita un directivo o una secretaria, “lo bueno sería hacer una selección dentro de la empresa y mirar si hay alguien apto para el puesto”. Así, de esta manera se evita la a veces costosa adaptación al grupo de trabajo, pues el trabajador ya pertenece a èl. “Encontrar a alguien de dentro, eso sería lo ideal. Pero lo máximo que podemos hacer nosotros es recomendárselo a la empresa”. Mirando un poco por nuestro futuro, insistimos en que se niega la posibilidad de aprender y avanzar en una empresa y que para todo el mundo debe existir un primer trabajo. Ángels sonrie, sabiendo qué se nos pasa por la cabeza y nos dice que no debería ser así, “pero así es”. Recomienda a todos los estudiantes que intenten trabajar, “aunque sea en los meses de verano o de manera gratuita, así os librareís cuanto antes de esa primera vez”.

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Lunes, 09 de mayo de 2005

“A veces nos piden a un hombre para el puesto y no podemos hacer nada”

Entrevista a Àngels Verdú, especialista en la selección de personal

Con una mediana edad bien asumida, Àngels Verdú nos recibe agradablemente en sus despachos del Trade Center de Sant Cugat. Lleva un conjunto sencillo de color rosa, al que acompaña con discretos pero numerosos ornamentos. Socia fundadora de la consultoría AV Recursos Humans, conoce bien los entresijos que acompañan a la selección de personal y es por ello que habla firme y segura.

¿Cuáles son las características que ha de tener un seleccionador de personal?

Ha de ser una persona que sepa comunicar muy bien, con una gran capacidad de análisis. Ha de ser muy lógico a la hora de analizar las características de las personas y ha de ser una persona objetiva.

¿Los seleccionadores están condicionados por la empresa a la hora de escoger una persona o tienen la libertad de decidir entre los candidatos?

El perfil de persona lo marca el empresario, que es el que contrata, pero muchas veces, no saben qué es lo que quieren. Entonces adquiere importancia la figura del seleccionador, que ha de escoger entre las personas que más se adaptan al perfil.

¿Nos has comentado que un seleccionador ha de ser objetivo, pero eso no es muy dificil?

Si, claro. A veces la gente intenta tocarte la fibra; que lleva mucho tiempo sin trabajo, que en su casa no pueden comer… Pero tú ves que esta persona no vale para este trabajo y por muy mal que te sepa, le has de negar el trabajo.

¿Qué se tiene en cuenta a la hora de decidir si alguien es apto o no para un trabajo?

Yo siempre me guio por un gráfico de tres variables: conocimentos, actitudes y aptitudes. Los conocimientos vienen dados por el currículum. Después encontramos las aptitudes, que es el “saber hacer” de una persona y finalmente, las actitudes, que es el “querer hacer” del candidato. Esta última es la cualidad más dificil de descubrir y evaluar.

¿Se dan ciertas ventajas a los colectivos marginados socialmente como mujeres, inmigrantes o discapacitados? ¿Tiene la empresa alguna obligación en este sentido?

Si es que se dan facilidades, las da la empresa. Nosotros, mientras la convocatoria sea abierta a todos, nos hemos de mostrar imparciales. Respecto a las empresas, tienen motivaciones y obligaciones a la hora de contratar este tipo de personas. Tienen beneficios si llegan a un número de personas discapacitadas y con una plantilla numerosa, el 2 % de los trabajadores debe ser de este tipo.

¿Hay más demanda de lugares de trabajo para hombres, o para mujeres?

A veces la empresa te dice que quiere un hombre y te sabe mal, pero tienes que descartar a las candidatas. Gracias a Dios, esto pasa cada vez menos.

Sobre la edad, ¿A que edad se comienza a no ser apto para el trabajo?

El colectivo de más de 45 años era un colectivo de dificil inserción, pero el Gobierno sacó una ley que ofrecía ventajas fiscales a quien contratase trabajadores de dificil inserción y eso ha ayudado. También hay casos en que la experiencia y la especialización pesan mucho y se busca gente mayor con una amplia experiencia laboral.

Respecto a la intervención estatal de la que hablas, el Gobierno ha aprobado una ley que defiende la igualdad entre hombres y mujeres. ¿Qué le parece?

Evidentemente, estoy de acuerdo. Si la igualdad es avalada por el Estado, igual que lo han hecho con lo de las ventajas fiscales para contratar a trabajadores de dificil inserción, seguro que la igualdad se hace más efectiva.

Antes has comentado algo sobre la especialización en un trabajo. Si cada vez se busca gente más especializada, ¿No se está negando la necesaria posibilidad de aprendizaje?

Si. La promoción interna dentro de las empresas es cada vez menor y al buscar gente externa, se está perdiendo ese aprendizaje que existía dentro de las empresas. Si necesitas un directivo o si necesitas una secretaria, ¿Por qué ha de ser una persona externa? Primero deberíamos mirar dentro, hacer una selección interna y mirar si hay alguien apto para pasar a ese puesto. Eso sería lo ideal.

¿Y cuando eres tu la que debes seleccionar alguien para tu empresa? ¿Seleccionar a un seleccionador es más dificil?

Se puede pensar que nos podrían engañar, pero hoy en día, con la grafología, no te pueden engañar. Y la entrevista… la experiencia nos dice que cada vez nos engañan menos, aunque todavía está claro que puede pasar. Pero si es cierto que a la que le pasas una prueba de inteligencia, se la sabe de memoria. De todos modos, la mejor prueba es que trabaje, ver como lo hace, ver su actitud y ver si encaja bien en ese grupo de trabajo.

¿Un consejo para alguien que vaya a hacer una entrevista laboral?

Yo le diría: “Se tu mismo, no quieras engañar”. Por que si quieres engañar, seguro que te pillan. Un ejemplo muy claro: si tú dices que eres Julio Iglesias y no sabes cantar como Julio Iglesias… no tienes nada que hacer. Pero si tu dices: “Se cantar y quiero probarlo”. Así no estás imitando a nadie, lo peor es que quieras imitar a alguien. Se tu mismo.

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Lunes, 09 de mayo de 2005

Sant Jordi, rosas, libros, gente y ruido

Por fin llegó el día de Sant Jordi. Amanece soleado. Igual que ayer y probablemente, mañana. No es que oliese maravillosamente a rosas. Era difícil, a estas alturas, impregnar Barcelona de un olor que no sea el de una ciudad contaminada, pero no había más que salir a la calle para darse cuenta de que el ambiente en la ciudad había cambiado. En el Eixample, cerca de la Sagrada Familia, la fiesta no se notaba tanto. Gitanas vendían sus rosas a 4 euros y turistas despistados preguntaban de donde había salido tanta flor. Sin embargo, al acercarse uno al centro, la concentración de rosas por metro cuadrado aumentaba sospechosamente. Al llegar por fin al comienzo de Las Ramblas, uno se veía envuelto en un mar de gente, libros, flores y ruido. Mucho ruido y poca calma en un día como éste.

Un arco iris de rosas

Así le gritaba un niño a su madre en frente de un puesto, a la altura de Canaletas. Y es que no sería por colores. Rojas, blancas, amarillas, azules, verdes... Que cada uno escojiese de que color quería teñir su amor o amistad. Entre los puestos de flores empezaron a aparecer puestos mejor preparados; eran los de partidos políticos u otras organizaciones. También los había de todos los colores. En el puesto del PSC irrumpió un señor canoso y rodeado de guardaespaldas. Acaparó cámaras y miradas y al darse la vuelta, vimos que era Pasqual Maragall. No alcancé a fijarme si llevaba algún libro o flor en la mano. Los de CIU mostraban sus libros y demás productos sobre una senyera algo empolvada, aunque clientes no les faltaban. Tampoco faltó gente en el puesto de ERC, donde pasó a firmar Martxelo Otamendi, divulgando el libro sobre el Egunkaria a través de partidos políticos.
A no ser que estuviese locamente enamorado, uno no podía permanecer demasiado tiempo en las Ramblas. Buscando aire, uno se podía colar por alguna callejuela del Gótico. La fiesta era más tranquila allí, más íntima. Menos puestos. Más senyeras y esteladas en los balcones. Menos gente. Más aire.

Sant Jordi no es Barcelona. Barcelona no es Catalunya.

Así insistía Joan López, joven de Torredembarra, indignado ante la importancia que adquiere la capital en días así. Y es que en Tarragona también se celebró el día de Sant Jordi. A las cinco de la tarde la Rambla se presentaba tranquila. Todavía no había mucha gente. Se podía pasear sin aplastar una rosa y sin ser pisado. Uno se podía parar frente a los puestos a ojear un libro. Aunque no encontraría nada nuevo, aparte de la novedad. El aire del Mediterráneo se notaba más que en Barcelona. La celebración era más relajada. Menos intensa quizá; menos mediática también. Hacia las siete la Rambla comenzó a llenarse. La gente se amontonaba, se apretaba. Recordaba el centro de Barcelona, del que habíamos huido hacía unas horas. A la gente se la veía expectante. No obstante, ayer se celebraron los primeros Castells de la temporada. Me comentaron que no veríamos grandes Castells, ya que las collas todavía no estaban bien entrenadas. Pero aun y todo, las pirámides humanas fueron increíbles. Los castellers comenzaron a formar sus edificios humanos. En el suelo la gente comentaba el tipo de Castells. “Es un dos de set” comentó Albert; “no tonto, no veus que puja un altre? Es un dos de vuit”, le corrigió Guillem. Y es que esto de los Castells es un arte. Un arte y una ciencia al mismo tiempo. Fascina a los visitantes que nunca habían observado las inverosímiles torres humanas y levanta pasiones entre quienes llevan toda la vida viéndolos o formando parte de alguna colla.
Al que ve un Castell por primera vez se le puede ocurrir pensar como hacen para no caerse nunca de allí arriba; si debe existir una fórmula mágica o algo así. Pues no existe. O sino que se lo pregunten a la niña que cayó el sábado de un Castell de siete pisos. Por suerte la niña cayó sin problema encima de la piña montada por su colla. Ante la caída, quedo claro que parte del público era local y que otra parte procedía de fuera de Catalunya. Unos se estremecieron y se llevaron la mano a la cara. Otros ni se inmutaron, esbozando como máximo una sonrisa tranquila. Ellos ya sabían que no le pasaría nada a la niña.

Cuestión de manos

Pocas manos se mantuvieron desocupadas en un día como Sant Jordi. Podían estar sujetando con interés un libro. Podían pasear con orgullo una rosa regalada. También hubo manos que sufrieron, que se lo pregunten a quien se pasó los dos días anteriores empaquetando rosas. Pero también sirvieron para contestar, con humor, a los ataques de los viandantes. Así lo entendió al menos Jon Sala. Él estaba sentado en el puesto de la Euskal Etxea (Casa Vasca), con una pancarta pidiendo el acercamiento de los presos detrás suya. Un paseante mostró su disconformidad con la pancarta levantándole el dedo del medio a Jon. Ni poniéndose por encima ni por debajo del paseante, Jon le pidió que repitiese lo que había dicho. El viandante le volvió a mostrar su dedo corazón. Esta vez Jon le contestó que no, que no es un dedo el que tenía que enseñar, sino nueve. El paseante, perplejo, le preguntó qué decía y Jon le contestó que no era uno, sino nueve los diputados que habían conseguido. El paseante se dio la vuelta y siguió su camino. No hay nada como el humor ante el insulto fácil. Va por todos.

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